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Vida Cristiana

Las quejas debilitan nuestros procesos

Todos tenemos algún amigo o familiar “quejón” aquel que pasa todo el día quejándose por algo, incluso antes de saludarte ya se empieza a quejar, “el calor”, “el precio de transporte”, “tengo mucho trabajo”, “no tengo empleo”, “mi jefe no deja de mandarme”, “mi sueldo no me alcanza”, “que estrés con la lluvia” y podríamos seguir porque extrañamente esta es una de esas listas que nunca acaban y de las que nunca se asoma el final.


Lo más interesante de esto es que a veces ese amigo o familiar, somos nosotros mismos.


¿Alguna vez nos hemos detenido a pensar cuánto tiempo invertimos quejándonos? Porque sí, aprendamos a verlo así, es una inversión de tiempo.

Está bien, es cierto, podríamos decir que hay una “escala de quejas” y algunas puede que sean aceptables o al menos justificables, pero en su mayoría las quejas expresan inconformidad ante lo que somos y nos hacen ver como víctimas y pesimistas.

Hay un proverbio oriental que dice “Si tu mal tiene remedio ¿por qué te quejas? Si no lo tiene ¿por qué te quejas?”

Sabemos que no estamos exentos de problemas, todo en algún momento de nuestras vidas (o casi siempre) hemos atravesado momentos complicados en donde creemos que no tenemos salidas fáciles o que todo está perdido. Pero como todo en la vida, tenemos opciones que elegir, podemos utilizar lo que nos pasa a nuestro favor o simplemente podemos echarnos a morir.

En Romanos 8:28 Dios nos recuerda una promesa muy importante que nos dice que Él “dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, es decir, a los que han sido llamados de acuerdo con su propósito”.

Esto nos da una idea clara pues nos dice que todo lo que sucede es porque Dios así lo ha permitido y porque seguramente esa situación nos llevará a un nivel superior.

Ciertamente hay situaciones en las que nos metemos por nuestras propias decisiones, en otros caso a veces quedamos en medio de situaciones en las que no tenemos ni idea de cómo llegamos allí.

En cualquier caso ambas situaciones pueden enseñarnos. ¿Qué puedo aprender de aquí? ¿Qué puedo enseñar a partir de aquí? Las respuestas solo tú las tendrás. No volver a repetir lo que te llevó hasta allí puede ser una opción.

Pero eso sí, aún en lo más doloroso y horrible de nuestras vidas podemos divisar el arco iris tras la tormenta.

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